La lluvia en Buenos Aires es hermosa.
Empiezan las primeras gotas y el mundo enloquece.
La que se hizo la planchita corre como Forrest Gump hasta el techo mas cercano, las chicas de los locales sacan los potus a la vereda para que se rieguen, los de los bares cierran y apilan sillas y los motoqueros se enfundan en esos trajes de goma que Neil Armstrong usó en 1969.
Las veredas se vuelven trampas mortales para los pantalones, un paso en falso y tenes barro hasta la pantorrilla. Las esquinas acumulan mugre y los colectiveros disfrutan de la salpicada.
Y ahí, como quien no quiere la cosa, aparecen nuestros amigos los paraguas. Elementos que solos, no causan ningún mal, pero en manos de un humano son armas de destrucción masiva.
Muchachos, no esta lloviendo acido, es agua. Agüita. No pasa nada si nos caen unas gotas.
Ya solita en la cama con mi gato todo acurrucado...esta lindo para dormir.
Hay algo mas relajante que el sonido de la lluvia?

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